¿Para qué sirve?
Las modificaciones realizadas en el producto le confieren características de gran interés. Pueden ofrecerle resistencia a insectos, como el caso del maíz Bt, que genera una toxina de origen bacteriano contra el taladro, un parásito que infecta las plantaciones. Gracias a la modificación, la plaga puede controlarse con menor uso de insecticidas. Existen también manipulaciones que convierten a la planta en un organismo resistente a los herbicidas, lo que facilita la aplicación, incluso en fase de germinación de la semilla, de estos compuestos fundamentales para el cultivo. En el futuro se generalizará el uso de estas modificaciones para reforzar la resistencia a virus o reducir los procesos de oxidación que hacen que la planta se deteriore una vez cortada.
¿Cuántos hay?
Hoy en día, en Europa no se pueden cultivar libremente estos productos. Sólo existen 18 modalidades autorizadas. Se trata de varias especies de colza, lechuga, maíz, tabaco y clavel. Ninguna de ellas se produce para el consumo directo humano. En Latinoamérica y otras regiones como Estados Unidos y China se cultivan otras especies, entre las que destaca la soya, el betabel y el algodón.