Algunas personas han llamado a nuestra era como la era de la aspirina, ya que nunca antes se había consumido este fármaco tanto como en nuestros días. Una de las explicaciones que se le puede dar al incremento de su consumo es que algunos de los dolores de cabeza y cuerpo que se experimentan están asociados al estrés. De la misma forma, el estrés elevado puede llegar a afectar en gran manera la salud física y mental de las personas, lo cual puede repercutir en sus relaciones interpersonales, su trabajo e incluso su familia.
Según el diccionario, la palabra estrés se refiere a la “Alteración física o psíquica de un individuo por exigir a su cuerpo un rendimiento superior al normal”, “tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones que afecten la psique, o provocan trastornos psicológicos a veces graves”.
Existen situaciones que provocan altos niveles de tensión, lo que podría facilitar reacciones inapropiadas de ira, frustración o tristeza. Algunos ejemplos que muestran una tensión mal canalizada son los siguientes: gritarle a los hijos o a personas cercanas (como lo pueden ser los subalternos, en los casos de las personas que desempeñan funciones de altos rangos), además, el estar irritable ante cualquier situación, desahogar la frustración sobre los seres queridos, o incluso el consumir drogas para desahogarse o tratar de olvidar la situación o factor estresante.
Factores que pueden afectar el manejo del estrés.
Algunas ilustraciones de estrés que se pueden evitar por carecer de valor significativo son cuando: los hijos demandan artículos de moda que no son precisos, se desean bienes materiales aún cuando se reconoce que no se pueden adquirir o cuando se demanda a los hijos que sean los mejores estudiantes de la clase. Se puede mencionar también que el ver las diferentes circunstancias de la cotidianidad o las diferentes problemáticas de forma catastrófica y negativa, percibiéndolas como situaciones que nunca mejorarán ni esforzándonos por mejorarla, es un factor que afecta el adecuado manejo del estrés, al igual que dormir poco, alimentarse mal, o el asumir una excesiva carga de trabajo.
Dadas las repercusiones negativas de un mal manejo del estrés, controlarlo adecuadamente es de gran importancia, ya que contribuye a una buena salud emocional, física y espiritual. Una forma de hacerlo es, por ejemplo, evitando la preocupación por aquello que es innecesario.
Si bien existen situaciones que nos estresan de manera justificada, experimentar esta tensión en demasía no colabora a la búsqueda de una resolución, sino todo lo contrario, nos satura mental, física y espiritualmente. Lo cual nos resta energías que sería prudente invertir de manera más adecuada, como el disfrutar de la relación con nuestras personas significativas y aprovechar las oportunidades constructivas que se nos pueden presentar.
Algunas recomendaciones para manejar de forma correcta el estrés son:
· Revisar la vida diaria: Analizar lo que se está enfrentando en el momento presente, cuáles de esas demandas y exigencias son racionales y cuáles irracionales.
· Organizar su tiempo: esto es de gran beneficio, ya que nos hace conscientes del tiempo necesario para cada actividad, además de ayudar a organizar asimismo, los momentos de relajación y esparcimiento.
· Dejar de lado las demandas irracionales: no permitir que las presiones externas nos agobien al punto de encontrarnos comprometidos con nuestro bienestar o el de nuestros seres queridos.
· Evitar los pensamientos catastróficos y negativos: incluye el pensar y reaccionar de una forma positiva, esto colaborará para una salud integral.
· Invertir tiempo con sus personas significativas: Ellas pueden ejercer una influencia positiva en nosotros al escucharnos y brindarnos un rato agradable. El apoyo de ellos y ellas, su comprensión y su consejo sabio siempre serán de aliento para nuestra vida.
· Mantener una dieta balanceada: El procurar una buena alimentación puede proporcionarnos un equilibrio natural de las sustancias bioquímicas que tienen incidencia en los estados de ánimo.
Dormir el tiempo necesario: Es importante respetar los ritmos biológicos del organismo. El sueño tiene una relación directa con la capacidad emocional, física y mental para afrontar las situaciones de estrés.
· Realizar ejercicio físico: La actividad física trae múltiples beneficios físicos y emocionales incluyendo aspectos como el incremento en la energía y una mayor capacidad de concentración. El ejercicio también permite liberar tensión y mantener un mejor estado de ánimo, mejora el sueño y aumenta la respuesta del sistema inmunológico.
· Practicar ejercicios de relajación: permite revertir las respuestas naturales de tensión emocional que se desencadenan a partir de situaciones de estrés.
· Establecer zonas de estabilidad: consiste en conservar áreas en la vida en las que ocurra poco o ningún cambio; que se mantengan con un ritmo lento de actividad. Las zonas de estabilidad pueden incluir la religión y la espiritualidad, así como la familia cercana.
Desarrollar nuestras propias técnicas de resolución de problemas nos permite hacer frente a las situaciones de estrés de una manera más estratégica.
Por Tanya M. Brizuela H.