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Historia de Michoacán

Michoacán es la cuna de una de las culturas mesoamericanas más enigmáticas que se desarrollaron en nuestro país: los purépechas, como se autodenomina esta etnia, que también se les conoce como “tarascos”-tarascue-, vocablo que se desprende de su propia lengua y que significa “yerno”, “suegro” o “suegra”; y que fue designado por ellos mismos a los españoles que se emparentaban con las indígenas purépechas.

Aunque no se sabe con certeza cuándo tuvieron lugar los primeros asentamientos humanos que dieron origen a esta cultura, importantes investigaciones académicas sugieren que las primeras migraciones que dieron origen a los tarascos tuvieron lugar alrededor del siglo XII.

Esta cultura experimentó su desarrollo político, militar, económico y social en la ribera del lago de Pátzcuaro, siendo Tzintzuntzan la sede del poder político, pese a los cambios que se suscitaron aproximadamente en el año 1400, cuando el caltzonzi Tariácuri heredó a tres de sus descendientes: Irepan, Hiquingare y Tanganxoán las tierras de Pátzcuaro, Ihuatzio y Tzintzuntzan, respectivamente; con lo cual el poder quedaba dividido. No obstante, Tangaxoán concentró la mayor parte de ese poder en Tzintzuntzan, convirtiéndose en uno de los centros religiosos más importantes de la región.

Algunos de los enigmas relacionados con el origen el lugar de procedencia de estos pueblos han llamado la atención a académicos de diferentes áreas del conocimiento científico. Por un lado, aspectos culturales, reflejados en su arquitectura, se asemejan a los plasmados por algunos pueblos prehispánicos de Perú. Sin embargo, los rasgos étnicos son más parecidos a los chichimecas que habitaron el norte de nuestro país, por lo que con frecuencia se les asocia con ellos. Mientras que su lengua es única en toda mesoamérica, aunque algunos de sus vocablos se asemejan al quechua, lengua que se desarrolló al sur del continente.

Con la llegada de los peninsulares el panorama político, económico, militar y religioso cambió para los lugareños; y con ello, se debilitaría el imperio tarasco. Sin embargo, los tarascos fueron uno de los pocos pueblos, si no es que el único, que pactaron pacíficamente con los españoles, asimilando su cultura rápidamente, situación que permaneció hasta 1529, cuando Nuño de Guzmán, miembro de la Primera Audiencia, asesinara al último caltzonzi purépecha, Tanganxoán II, provocando una revuelta entre indígenas y españoles.

Estos acontecimientos violentos continuaron hasta la llegada, en 1531, de uno de los miembros de la Segunda Audiencia, Don Vasco de Quiroga, quien años más tarde asumiría el Obispado de Michoacán.

Al asumir el cargo de Obispo, en 1536, Quiroga trasladaría, de Tzintzuntzan a Pátzcuaro, el centro político y religioso, y con ello, el título de ciudad que ya se le había otorgado en 1523 a Tzintzuntzan. Este traslado provocaría la migración de los pobladores de Tzintzuntzan hacia la nueva ciudad de Pátzcuaro.

En 1580 Valladolid, (hoy Morelia) sería designada por el obispo en turno, Fray Juan Medina Rincón, como la sede del Obispado de Michoacán; hecho que permitiría una mayor concentración del poder político en la región.

En Michoacán también se suscitaron eventos importantes en el marco de la lucha por la Independencia de nuestro país, por ser Valladolid, una de las primeras ciudades donde se realizarían las Primeras Juntas Literarias para planear una conspiración.